Compartimos
juntas toda la tarde y parte de la noche.
Ximena, sin
fluctuar, me acompañó hasta mi “humilde” morada; la misma, cuya noche anterior
me había sacado a patadas. Convidé a la señorita a pasar, pero para asombro se
retractó; la respuesta y sus gesticulaciones fueron muy evasivas. Sólo recomendó
que descansara, eso asociado con beso en la mejilla y un “adiós”.
Me adentré
a mi hogar; preparada para irme a la cama. Sucedieron tres horas y el sueño no terciaba
conmigo, – Ximena, Ximena, Ximena, Ximena (…) –, – ¿Sólo un “adiós”? –, – Ni siquiera, un “hasta mañana” o un “te veré luego” – ansiedad por ¡todas mis venas!, la necesidad de
llamarle y preguntarle – ¡¿Por qué?! –, –
A caso ¿no, volveré a verte? –.
Mientras me
cuestionaba, los pellizcos de la sensatez hicieron notar con ardor mi ridícula
actuación. 30 minutos, tomar el teléfono y – “¿cómo te fue durante el trayecto?” –, – “¿cómo te fue durante el trayecto?” –, – “¿cómo te fue durante el trayecto?” – Repetía mentalmente una y
otra vez… – “¿cómo te fue durante el
trayecto?” –, – “¿cómo te fue durant...
– “tuuuuuu, tu, tu; tuuuuuu, tu, tu; tuuuuuu”. Tremendo jalón que me ofreció aquel
soniquete; ese “tu, tu” hizo que emplazara los pies sobre la tierra. Era tarde,
así que la obviedad indicaba que no respondería.
El
desasosiego por la damisela seguía y el único remedio que hallé en esos
momentos fue el extenso juguete azul que exigía su empleo. Consolador en manos,
mirada de perra tórrida, pezones totalmente firmes y ensalivados, cosquilleos y
piel erizada por todo el cuerpo. En mi pensamiento… Ximena; situación, ella
lamiendo, succionando mi clítoris. En
ese segundo, cogí mis tetas y las apreté con fuerza, la excitación cada vez
entraba en furor, – ¡DIABLOS! – esa
campanita se encontraba tensa, vagina totalmente húmeda, lubricada. Me mordía
así misma, movimientos circulares, golpecitos y ¡más! – ¡Ahhhhhhj! –, – ¡Ouhhhhhh!
–. No aguanté, me postré en cuatro e
imaginé a la zorra con un arnés; sin piedad introduje ese maldito falo con
fuerza, típicamente el vaivén, – ¡Ahhhhhhj!
– [Gemidos] – ¡Ishhhhhh! –, – ¡Vamos, quiero más! –, – ¡¡¡Penétrame ASÍ!!! – dildo directo al
ano y en mi cuca, fisting.
Loca en
cama; soy fiera, soy calor, soy sensual, soy agresiva, soy felina, soy pasión,
soy hembra… – ¡Maldición! –
finalmente, la llegada del orgasmo. << Momentos intensos que rematan en
placidez >>.
Pasadas las
horas, entre mis sueños, Mario… quería matarle. – ¡Te amo! –, Él repetía de manera insignificante. Pataleé entre
sábanas y se hizo la mañana. Sudorosa y amedrantada, cogí el celular, “número
no atendido: 35 veces”, “Mensajes: 16”. Al ver tales notificaciones, fui feliz.
No obstante, tanta “belleza” no podría ser cierta, era el cabrón.
Se cambiaron los
papeles, el instante no pudo ser más despreciable.
© Johana Arango, 2010
RUT 56.271.641
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prohibida la reproducción total o parcial de este libro por cualquier medio sin
la debida autorización por escrito del editor.
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