“Me
increpa la falta de respeto cuando alguien: sin permiso, SIN MI CONSENTIMIENTO, rebusca entre mis cosas”, entre mis
papeles, entre mis escritos; escritos que pueden enfadar, confundir al
deletreador, generándole en sí mismo,
salidas rápidas por inseguridades, exacerbando fácilmente conveniencias por cobardías. Popular es: “el que busca” porque “encontrará”.
Punto
es: entender los repentinos cambios de humor, como primer paso al inmiscuye; seguidamente,
la activación de miradas viles y pensamientos soeces hacia el prójimo, como el
por supuesto; más las despedidas teatrales y las persecuciones irresolutas, que
engendran sin duda alguna anomalías mentales.
Sano
es: “solicitar consejos”, empero, no todos contendrán razón… ya que los mismos fueron
explanados por terceros; por antropomorfos. “Errar es de humanos”.
Sin
embargo, el conocer nunca está de más, como “ponerle el cascabel al gato” un
tanto difícil, aunque es aquí donde toda clase de desaciertos premeditados considerablemente se desvanecen.
Ser
excluida entre las vidas ajenas tiene sentido, pero ¿que las mismas insistan en
volver?, no. “El que nada teme, nada debe”. Si la duda persiste, ¿lo sensato
sería alejarse?; cuando la lógica habla y decide por enfrentar, la miserable avasalla por soluciones y respuestas. Recordar es: que todos los días no se
ofrecerá bandeja.
(Resentimientos
causados por SU
vulnerabilidad, más no por el fiel pedazo índigo).
© Johana Arango, 2012
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