martes, 11 de septiembre de 2012

LA MELISSA


Decirle – Es como cuando en las noches quieres dormir y no puedes, porque sabrás que lo encontrarás de nuevo –.

Después de tantas volteretas sobre su cama, desorganizada y menudita ella,  divisó el descanso. El recuerdo de su último parpadeo, marcó entre el fastidioso resplandor artificial de su teléfono las 01:47 a.m.  

No recuerda cómo llegó, solo estaba ahí. El calor era intenso; el viento fuerte y agradecido soplaba; su piel brillaba a tan alta temperatura, tostado su cuero; gesticulaciones de felicidad y de tranquilidad. En aquel lugar, bebió algo frío y moreno que calmó su sed. Las personas platicaban, la señorita observaba…

<< Mientras la muchachita relataba el presente sueño… suspiró, cerró los ojos y sonrió >>

Por su espalda, allegó un alguien; ella se erizó mientras la eminencia la abraza; el afecto se sintió grande, fuerte, querido. ­No hubo necesidad de verle o preguntarle ¿quién eres? o ¿qué haces? ya que esta sabía de quien trataba.

La respiración del otro sobre toda su nuca, Él seguía sin soltarla.

 Te quiero “mi” señor – Sabía que ese “mi” no significaba “de su pertenencia”, sin embargo, no le importó; el abrazo se hizo más fuerte; ninguno era capaz de desprenderse, de repente verle la cara, el sol iluminó su mirada profunda, mirada que se asemejó a las de ciertas noches reales; sus lentes, sus lentes…

Decirle – Lo hice de nuevo, levantarme y enviarte entre mi somnolencia lo anterior, te quiero “mi” señor –.

Por supuesto, cruzaron líneas; conversación en la cual uno decoró al otro; besos y demás sucedió allí. Haber tenido sexo, haber hecho el amor; haber no mezclado sentimientos, haberlos mezclado; haber peleado, haber lastimado, haber escapado; haber perdonado… haber de todo, es lo que una y otra vez repite la dama en distintas noches.

La Melissa existe, la Melissa existió.       
                           
Decirle – latente es quererte, cerrar los ojos y abrazarte lo más fuerte que pueda, porque sé que el lapso es corto; siempre estas, el rememorarte nunca faltará; cautela es entender que nadie es dueño de nadie. Segundos de sueños donde te beso… ¿lo hacemos de nuevo? pero esta vez, que sea real. Saber y asumir que no hubo necesidad de sexo/cama para despertar ese sentimiento, aunque negar que quiera hacerlo, sería pecado –. – Todo lo que alguna vez te dije, digo, sentí y siento es verdadero; desde lo más egoísta, hasta lo más cursi, como esto –.

© Johana Arango, 2010
RUT 56.271.641
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