Decirle – Es como cuando en las noches quieres dormir
y no puedes, porque sabrás que lo encontrarás de nuevo –.
Después de tantas volteretas sobre su
cama, desorganizada y menudita ella, divisó el descanso. El recuerdo de su último
parpadeo, marcó entre el fastidioso resplandor artificial de su teléfono las
01:47 a.m.
No recuerda cómo llegó, solo estaba
ahí. El calor era intenso; el viento fuerte y agradecido soplaba; su piel
brillaba a tan alta temperatura, tostado su cuero; gesticulaciones de felicidad
y de tranquilidad. En aquel lugar, bebió algo frío y moreno que calmó su sed. Las
personas platicaban, la señorita observaba…
<< Mientras la muchachita relataba
el presente sueño… suspiró, cerró los ojos y sonrió >>
Por su espalda, allegó un alguien; ella
se erizó mientras la eminencia la abraza; el afecto se sintió grande, fuerte,
querido. No hubo necesidad de verle o preguntarle ¿quién eres? o ¿qué haces? ya
que esta sabía de quien trataba.
La respiración del otro sobre toda su
nuca, Él seguía sin soltarla.
– Te quiero “mi” señor – Sabía que ese “mi”
no significaba “de su pertenencia”, sin embargo, no le importó; el abrazo se
hizo más fuerte; ninguno era capaz de desprenderse, de repente verle la cara,
el sol iluminó su mirada profunda, mirada que se asemejó a las de ciertas
noches reales; sus lentes, sus lentes…
Decirle – Lo hice de nuevo, levantarme y enviarte entre mi somnolencia lo
anterior, te quiero “mi” señor –.
Por supuesto, cruzaron
líneas; conversación en la cual uno decoró al otro; besos y demás sucedió allí.
Haber tenido sexo, haber hecho el amor; haber no mezclado sentimientos,
haberlos mezclado; haber peleado, haber lastimado, haber escapado; haber
perdonado… haber de todo, es lo que una y otra vez repite la dama en distintas
noches.
La Melissa existe, la
Melissa existió.
Decirle – latente es quererte, cerrar los ojos y abrazarte lo más fuerte que pueda,
porque sé que el lapso es corto; siempre estas, el rememorarte nunca faltará;
cautela es entender que nadie es dueño de nadie. Segundos de sueños donde te
beso… ¿lo hacemos de nuevo? pero esta
vez, que sea real. Saber y asumir que no hubo necesidad de sexo/cama para
despertar ese sentimiento, aunque negar que quiera hacerlo, sería pecado –.
– Todo lo que alguna vez te dije, digo,
sentí y siento es verdadero; desde lo más egoísta, hasta lo más cursi, como
esto –.
© Johana
Arango, 2010
RUT
56.271.641
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