viernes, 11 de mayo de 2012

A VECES SÓLO SE NECESITA UN EMPUJONCITO (DESENLACE)


De nuevo baile (entre son y son); mientras danzaba como loco, lo esperado se avecinaba; el cabrón tomo rápidamente mi cara y con fuerza la llevó hacia la de él tratando de robar un beso, como ya lo predecía reaccioné rápidamente y le corrí la cara; él de inmediato, tras su fallido y al ver que actuó como todo un IMBÉCIL, no encontró más que  vociferar “ahhhhhh, te lo creíste”

Empezó a quitarme y ponerme los aretes, posteriormente sacó un chuyo de la nada, este de color rojo (gorro inca, por supuesto comprado en el Perú) todo con el fin de chicanear y él entre su melopea a ponérselo; de un solo trancazo cogió y se bebió mi único vaso con Whisky que ya estaba considerablemente 40% del producto y 60% de agua por el hielo ya derretido. Estaba hecho un loco.

No obstante, cuando la “rumba” finalizaba, la bartender retiró la botella de cierto licor, ya que en la misma sólo quedaba un “cunchito”,  el individuo se enojó muchísimo, empezó a decirle que se la devolviera, que él había pagado por ella. La nena, con cara de enojo se la devolvió, él la destapó y directo a la boca.

Derecho por las cosas,  saliendo de aquel lugar, de nuevo otro cigarro y esta vez le importó cinco, se lo fumó como si nada y entre su ebriedad me preguntó “¿Y ahora dónde quieres ir?”, ante eso respondí “¿dónde propone?”, él exclamo “¡vamos a un amanecedero!”, en esos momentos miré hacia otro lado, verbalmente nada, pero en pensamiento “¿amanecedero? irás pero con tu madre” emprendí camino y él al lado mío como animal.

Otra cuadra más abajo, él tratando de conseguir taxi, ninguno se detenía… claro, tras su comportamiento de “perro llevado” imposible; luego ese soncito “yo te acompaño hasta tu casa” no era nada más que “si te acompaño, me entras” (me los conozco), ante eso podría haber botado lágrimas, pero tipos a mi casa ¡NO DEJO PASAR!

Para colmo estaba “en medio” de la calle,  casi lo coge un auto, le refuté “ven para acá, a medias nada te coge un carro”, él me contesto imponente “déjame, llevo más tiempo viviendo en Bogotá, soy más grande que tu y se cómo cuidarme”;  simplemente en un abrir y cerrar de ojos, saqué mi mano, tomé un taxi, este accedió llevarme a mi lugar de destino, le devolví el gorro al individuo (se lo imaginan con eso, debería haberme agradecido) y entre lejos le dije “adiós” con picadita de ojo y sonrisa maldita.

El quedó frío, pasmado y con ENORMES ojos ante mi sacada del cuatro letras.

El taxista entendió lo que sucedía, le comenté en resumidas lo ocurrido durante el trayecto, eso sí, el conductor y yo no podíamos de la risa.

Al siguiente día el sujeto llamó preguntando “¿cómo estás?”, “¿las cosas andaban bien?”, “¿Fallé en algo?” mi respuesta sencillamente fue “¡TODO ESTÁ PERFECTO!”, él se resintió un poco ya que había tenido para conmigo una atención y yo lo había tratado así… sobre todo sin despedirme, yo inocentemente le recordé mi “adiós”, ante eso respondió “sí, pero yo quería algo diferente”… ¡hm!, en fin.

El quedó enojado, pero como el EGO de los hombres es TAN GRANDE, lo negó.

Más tarde, le envié un mensaje que decía “¿está bravito?”, él respondió con un “no”, de allí recibí otro misiva expresando “lo intentábamos de nuevo”, es decir, vernos ese mismo día siendo ya sábado, sitio igual, hora exacta. Ante eso argumente con un “si”.

Sólo faltaba 30 minutos para el compromiso, le envié un mensaje diciendo, “lo siento, deberías fijarte en otras personas, no era mi intensión hacerte perder el tiempo. Mua”. De inmediato recibí su respuesta llena de enojo “sí, eso haré”.

A los pocos minutos trinó lo siguiente: “Por eso me gusta salir con mujeres mayores, ellas si saben lo que quieren” y claramente, el unfollow de él hacia mí no se hizo esperar.

Se me es imposible entrar MÁS en detalle, ya que mi “bondad” no me lo permite. Finalizada la historia y para aclarar dudas, nunca volví a tener contacto con el “caballero”.  Esto sucedió el segundo semestre del pasado año. No omití verdades y desde luego no expuse falsedades. Por otra parte, he tenido más encuentros con personas del mundo 2.0 (ya sea en eventos, almuerzos o salidas de café) y afortunadamente, ninguna con resultados como la experiencia anterior (mi generador de risas).

Siempre lo he dicho, “no soy su tipo de mujer”. Ni soy prostituta, ni soy mojigata.

© Johana Arango, 2012        
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