Después de que este ingirió tres vasos “en las rocas”, sugirió ir a
bailar; a él no le importó el hecho de que yo no terminara con la copa de vino,
como quien dice “cuasi corriendo salimos de este lugar”.
(Directo al papayaso).
Durante el recorrido, exactamente cuadra abajo, nos detuvimos en una
esquina; allí amablemente me preguntó si no me molestaba el que se fumara un
cigarrillo, en verdad no me incomodaba.
De la nada, su mirada “bad boy” tomó más fuerza, y con eso se le
atravesó el siguiente comentario: “yo lo único que quiero es pasar bien esta noche contigo; si, plan de
amigos y no creas que te busco para algo más, nada sexual” ante eso
refuté “si claro,
de eso se trata"; mi boca decía una cosa y mi mente “no me creas tan marica". (Los diálogos de este ser siempre iban
compuestos con la palabra retórico, por ejemplo: bla, bla, bla, bonita
retórico; bla, bla, bla, hombres retórico; bla, bla, bla, "niñas"
retórico; bla, bla, bla, falda retórico; bla, bla, bla, coqueteo retórico; bla,
bla, bla, alta retórico; bla, bla, bla,
protuberancias retórico; entre otros). No pues, Mr. Retórico.
Terminó su cigarro y proseguimos al lugar. En el acceso nos topamos con
cuatro chicos y una señorita, la cual llevaba en un vaso enorme, una mezcolanza
de bebidas; él como si nada se presentó: “hola, soy XXXX” y de inmediato interrogó a la niña “¿Qué traes allí?”, ella cordialmente le
ofreció ya que no la dejaban seguir con el trago, el individuo abiertamente
aceptó y tomó de aquel recipiente,
seguidamente me brindó, cosa que inmediato y con sonrisa rechacé.
(Si usted se pregunta ¿sentí celos por la dama?, ante eso un no; al
contrario, la morena me pareció hermosísima. En lo que si experimenté
incomodidad, fue su frescura; ya que al relacionarse, todos se extrañaron y el
ceño fruncido evidentemente se apreció).
(En el sitio HVB). El muy caballero insistió pagar la entrada. Estando arriba,
acudimos a la zona donde se resguardan las cosas, casi “llora” por el precio de
esta ($5000 pesos); para colmos, le pareció muy gracioso tomar del pelo a todo
el mundo. La nena que se encargaba de esa parte me preguntó con la mirada “¿y a este qué le pasa?”, ante eso hice un
sube y baja en mis hombros, acompañado de un suspiro desalentador; allí mis
ojos hablaron con un “déjalo”.
Música a todo volumen, situados en la barra, decidido por Whisky JW Red
Label de 375 ml (normal), continuamente baile. Él manifestó no gustarle cierto
tipo de música, así que en su momento sólo tanda de salsa.
El sujeto ya entre trago y trago. Yo con el mismo vaso. De repente
empezó a “pelear” solo, todo a causa de un gringo a quién bautizó Max. Este
loco decía algo así como “y esos gringos que hacen en mi país”.
Después de tanto boloró, empezó a bailar de todo (las bebidas las tenía
en la cabeza), se dio cuenta que el Tío Sam me ojeaba, así que emprendió el
paseo por todo el lugar, cada vez que el otro señor miraba, el individuo me
corría con mal genio; hasta que llegó un momento y exclamó “yo tengo que hacer respetar lo MÍO” (ridículo), le
tocó el hombro a “Max” y lo único que hizo fue enseñarle el pulgar en sentido
de que todo está bien, “Max” ejecutó el mismo movimiento (pulgar arriba) y le sonrió.
El gringo estaba acompañado de “esas” niñas y una de ellas miro mal al
personaje, si, con el que yo estaba; sucesivamente el Tío Sam con señas me
preguntaba “¿y
este?", yo sólo con gestos objete “olvídalo”.
El sujeto de nuevo pidió que lo acompañara a fumar, accedí ir al balcón,
sus coqueteos eran cada vez más patéticos, tanto que me preguntó el signo del
zodiaco, palpablemente dándoselas de astrólogo y psíquico, hablando de
compatibilidades y características de los mismos. Mi sensación de risa, no se
hacía esperar; cada vez que podía, explotaba sola a carcajadas.
© Johana Arango, 2012
Reservados todos
los derechos. Queda prohibida la reproducción total o parcial de este libro por
cualquier medio sin la debida autorización por escrito del editor.
(Esperen pronto el final de la historia).
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