miércoles, 9 de mayo de 2012

A VECES SÓLO SE NECESITA UN EMPUJONCITO


Siempre lo he dicho, “no soy su tipo de mujer”. Ni soy prostituta, ni soy mojigata.

Las primeras impresiones son traicioneras; recuerdo aquella noche cuando departía en medio desconocidos (la mayoría lo era); entre risas, miradas, diálogos, cerveza y algunos amoríos entre las sombras.

Mi desconfianza vestida de azul, se hizo en su momento notar para con algunas personas, cosa que no me importaba. Cuando la oscuridad se hizo más descarada decidí partir a mi hogar acompañada de ciertos amigos, hasta allí todo en orden.

Pasaron los meses y mi vida en esos días se comportaba a la altura.

Cuando intercambias información personal (en este caso hablo de las redes sociales), es normal que se entrelacen letras, palabras y/o frases precisando un saludo; en este caso lo que dio pie a la memorable odisea fue un RT (el cual aportaba cierta información para creativos).

Lo que acaparó mi atención de aquel mendigo personaje fue su saludo, en especial las cuatro letras que conformaban la palabra SEXY. Desde allí comprendí el tipo de “caballero” que era. Entre línea y línea se llegó al acuerdo de ir a tomar un Martini. Se intercambiaron teléfonos y por supuesto su invitación de amistad no se hizo esperar. Confieso que “stalkeé” únicamente sus fotos de perfil, nada del otro mundo.

Llegó el jueves (el encuentro AMISTOSO se había pactado ese día). El individuo llamó con el fin de confirmar mi compromiso, cosa que cancelé…  ya que había tomado ese día para tener el siguiente libre. A él eso no le incomodó, así que se reorganizó lo pactado para el viernes.

Sin falta, ya presente en el lugar acordado, empezaron los desperfectos.

Así como uno se toma el tiempo para acicalarse, lo mínimo que usted espera de la otra persona es el mismo detalle. (Descripción: jean malgastado, reata de color rojo, camiseta roja mareada de tanto uso, encima de ella otra camiseta manga larga color verde oscuro con cuello desjaretado, chompa estrafalaria y zapato de ingeniero). Ante la situación podría haber salido corriendo, pero a la final dejé a un lado ese detalle.

En la barra, él con un vaso de whisky en las rocas y yo con mi predecible copa de vino.

Este tipo aparte de sus reiterados coqueteos (me gustan las mujeres que manejan el mundo del arte como tú, diseño, fotografía, publicidad, estuve casado con una, ¿cuándo conoceré a mi suegro?, ¿estás pensando en algo serio?, etc.) y miradas tipo “bad boy”; ¡já! pues a eso le adjuntamos el no entendimiento de cierta dinámica: el escuchar a las personas, cuando lo hacía, interrumpía; sólo hablaba de él, algo así como “el mundo gira en torno a mí” y “soy de la familia tal y tal”.

Desde allí empezó mi vileza, si, quería darle una lección. 

 © Johana Arango, 2012        
Reservados todos los derechos. Queda prohibida la reproducción total o parcial de este libro por cualquier medio sin la debida autorización por escrito del editor.


(Esperen pronto la segunda parte).

6 comentarios:

LEOSAURIO dijo...

jejejejeje Estuvo muy bueno tu movimiento...

Débora Arango de León dijo...

¡Gracias! #Lol.

Anónimo dijo...

Divertido e interesante, solo tengo la duda, cual el zapato de ingeniero ? XD

Débora Arango de León dijo...

Gracias.

Observa: goo.gl/7uSZh - goo.gl/3cdWa

Unknown dijo...

Una característica de los buenos escritores, es esa en la cual dejan al lector con las ganas de (leer) más, eso me ha pasado contigo. Destacando también tu entretenida e impecable narrativa. Good job!
Att: @EllaNoTuitea

Débora Arango de León dijo...

Muchísimas gracias @EllaNoTuitea. Me enorgullece y alegra tus palabras.