jueves, 3 de noviembre de 2011

CONTENIDO EN LAS NUBES


(Nota: Sin correcciones).

Hace unos largos y sedientos meses aullaba de la desesperación por ser vanagloriada de algún exquisito caballero, pero ahora que el tiempo de sequía ha culminado, decido encapotarme y huir de aquellas gotas galanteadoras. Ya no considero la idea de empaparme del amor, ni menos… jactarme de aquello que me atormentó, tanto así que he optado por seguir sucia con los putrefactos olores del pasado. Me acostumbré al calor, a la displicencia desértica, al éter de la soledad y al malestar del esparaván.

No obstante, la fuerte y húmeda brisa me arrastra e insiste que me riegue del nuevo cortejador chaparrón. La experiencia me hizo tan fuerte e insegura, que inmediatamente me alerto de las miles de gotas con sus malas pretensiones, de llevarme a  la peor laguna y dejarme en la misma ya mojada por alguna afección y/o desazón; Otras interesadas en refrescarme con su mejor rocío, demostrándome así, ser la más afortunada por haber aplicado al mejor postor (…) y que les digo de las humildes, las pequeñas, las que sacian más que las anteriores, las verdaderas, las transparentes, pero las que por inestabilidad creen tener menor H2O que la demás.

A pesar de las “agraciadas” ofertas, ninguno acaparaba mi atención. – Suspiro – excepto aquel que, por casualidades de la naturaleza, cayó una vez sobre mi hombro con delicadeza y platicó hasta que el ciclo hidrológico se encargó de llevárselo.

Ahora que de nuevo lo diviso, descendiendo desde las nubes con timidez y a su vez con inmenso alborozo, me aventuro (…) en el más calado entorno. Ya sin capote, gotas fuertes y suaves  chocan, halagan, laceran, imploran, pero ninguna alcanza a persuadir mi posición hacia el deseado.

Por otra parte, cierto líquido cree no contar con la misma suerte, a pesar de haber tenido trato conmigo anteriormente. Sin embargo, no hayo razón de su hipótesis, acaso… ¿no percibe el riesgo que estoy tomando?, ¡el de dar oportunidad al sentimiento!

Mirando hacia lo alto, refuto – permítase y permíteme efectuar lo que tengo en mente, que tan cierta es la frase… “los sueños se hacen realidad” –, – No esperes chocar en la tierra y luego evaporizarte –, – ¡Te autorizo caer en mis labios, más recorrer y atemperar mi cuerpo! –.

Pero ahí va, cayendo sosegadamente, y yo, aguardando a que me atiborre.

Por último bajo mi cabeza y preocupadamente cavilo – ¡sólo no te demores, de pronto en cualquier  segundo,  minuto,  hora (s) pueda estimar otras propuestas! –, – Tal vez estirar mis brazos, abrir mis manos e irme con ellas .

© Johana Arango, 2011         
                                                                                                                                               
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