(Nota: Sin correcciones).
Hace unos largos y sedientos
meses aullaba de la desesperación por ser vanagloriada de algún exquisito caballero,
pero ahora que el tiempo de sequía ha culminado, decido encapotarme y huir de
aquellas gotas galanteadoras. Ya no considero la idea de empaparme del amor, ni
menos… jactarme de aquello que me atormentó, tanto así que he optado por seguir
sucia con los putrefactos olores del pasado. Me acostumbré al calor, a la
displicencia desértica, al éter de la soledad y al malestar
del esparaván.
No obstante, la fuerte y húmeda
brisa me arrastra e insiste que me riegue del nuevo cortejador chaparrón. La
experiencia me hizo tan fuerte e insegura, que inmediatamente me alerto de las
miles de gotas con sus malas pretensiones, de llevarme a la peor laguna y dejarme en la misma ya mojada
por alguna afección y/o desazón; Otras interesadas en refrescarme con su mejor
rocío, demostrándome así, ser la más afortunada por haber aplicado al mejor
postor (…) y que les digo de las humildes, las pequeñas, las que sacian más que
las anteriores, las verdaderas, las transparentes, pero las que por
inestabilidad creen tener menor H2O
que la demás.
A pesar de las “agraciadas”
ofertas, ninguno acaparaba mi atención. – Suspiro – excepto aquel que, por
casualidades de la naturaleza, cayó una vez sobre mi hombro con delicadeza y
platicó hasta que el ciclo hidrológico se encargó de llevárselo.
Ahora que de nuevo lo diviso,
descendiendo desde las nubes con timidez y a su vez con inmenso alborozo, me
aventuro (…) en el más calado entorno. Ya sin capote, gotas fuertes y
suaves chocan, halagan, laceran,
imploran, pero ninguna alcanza a persuadir mi posición hacia el deseado.
Por otra parte, cierto líquido cree
no contar con la misma suerte, a pesar de haber tenido trato conmigo
anteriormente. Sin embargo, no hayo razón de su hipótesis, acaso… ¿no percibe el
riesgo que estoy tomando?, ¡el de dar oportunidad al sentimiento!
Mirando hacia lo alto, refuto – permítase y permíteme efectuar lo que tengo
en mente, que tan cierta es la frase… “los sueños se hacen realidad” –, – No esperes chocar en la tierra y luego
evaporizarte –, – ¡Te autorizo caer
en mis labios, más recorrer y atemperar mi cuerpo! –.
Pero ahí va, cayendo
sosegadamente, y yo, aguardando a que me atiborre.
Por último bajo mi cabeza y preocupadamente
cavilo – ¡sólo no te demores, de pronto
en cualquier segundo, minuto, hora (s) pueda estimar otras propuestas! –,
– Tal vez estirar mis brazos, abrir mis
manos e irme con ellas –.
© Johana Arango, 2011
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