lunes, 3 de octubre de 2011

GANGCRÓNICA – BANGCRÓNICA (PARTE 6)


En camino hacia el café; no muy feliz, no muy triste (…), silencio absoluto. De nuevo el aparatejo…  mi teléfono móvil, en realidad no se me apetecía contestar pero aquel siguió vibrando, así que no halle más remedio que atender irresponsablemente (si, responder el celular mientras conducía).

No me percate del número y… ¡Hola mi amor! –, – ¿Qué pasa contigo? –, – “Durante el día  he tratado de comunicarme y lo único que has hecho es rechazar mis llamados” –, – ¿Te sucede algo cariño? – (…) – ¡Conejito, te estoy hablando! –, – Mi cielo, ¿estás ahí, me escuchas? –, – ¡Salma! – oh por Dios, entré en razón y Mario (¡!) – Mi vida perdóname, estoy conduciendo –, – Sabes que no puedo realizar dos cosas al mismo tiempo –, – Dame un segundo y me estaciono –.

“Mario, Mario… Mario” ¿cómo pude olvidarme de él? –, – refuté (Por cierto es mi prometido) –, –  Mario, cariño ¿qué decías?  – Mario respondió  – Mi Conejito, he tratado de comunicarme contigo y solamente lo hacía para recordarte el compromiso de esta noche, no me falles ¡Te amo! – proseguí – Yo también, estaré allá en ”un par de minutos” –, – colgué y así mismo directo a la reunión –.

Era tal el afán que olvidé cierta “obligación” con Ximena; notablemente me dediqué a cumplir y a mostrar otras facetas incómodas (socialización estrato seis (6)). Terminado el convite me dirigí así al apartamento de mi prometido, cada uno llegó por su lado pero con un mismo fin… ¡SEXO! eso era lo que necesitaba. Mario como todo “caballero” abrió la puerta y primero me dejó pasar, seguidamente lo miré con mucho morbo, lo tomé de las manos y lentamente me lo llevé hacia el sofá.

Como siempre los besos, besos apasionados por todas partes, pero… quería ¡PENETRACIÓN! así que inteligentemente fui derecho hacia su correa y pantalón, pero Mario se me adelantó (…) ¡bajó mis “calzones” y como mago sacó su pene bien erecto… esa cosa fue directo hacia mi vagina!

Fue doloroso… aún no me hallaba lo suficientemente lubricada, a Mario no le parecía importar porque siguió fornidamente.

¡Detente! – le dije – ¡por favor basta! –, – Mario ¡me lastimas, por el amor de Dios para! –, – ¡acaso no entiendes! –, – ¡No más, suéltame! – por unos instantes me sentí abusada, el bastardo no “entendía” y cada vez me aprisionaba más. Como  única opción grité varias veces – ¡auxilio! –, pero nadie atendía a mi llamado, en realidad quería que eso culminara.

Veinte (20) minutos más tarde… paró el sufrimiento.

© Johana Arango, 2010                                                                                                                                                       
RUT 56.271.641
Reservados todos los derechos. Queda prohibida la reproducción total o parcial de este libro por cualquier medio sin la debida autorización por escrito del editor.

No hay comentarios: