Un nuevo día.
Hacia el trabajo… trancones por
doquier, exasperación, bocinas, esmog, transmisión radial, semáforos en rojo,
peatones, una bella sonrisa de un desconocido infante, veinte (20) minutos,
doblamos a la derecha y se hizo así el punto de llegada.
Hallada en mi oficina, perturbada
por ciertos sucesos, trabajaba… trataba de envolverme y encarcelarme de
actividades laborales, pero era imposible… (Maldición)
– Cavilaba – (mi profesionalismo) –
insistía – (…) suspiré profundo y opté por embarcar mis pensamientos en un
cigarro… (.)
10 minutos después…
(Maldito no funcionó) – comentario en el aire –
Me adentré de nuevo a mis
funciones: crónicas, papeleos, juntas, entrevistas, contratos… (Por fin movimiento); concentración y
dedicación… una llamada, número desconocido, atiendo el aparato y un “¡hola!”… se me eriza la piel (¿cómo logró mi número?) – Pensé –, – No te enseñaron a responder – refutó…
si, Ximena.
– Hola…
– dije – perdóname, sólo atendía un
asunto –, – y… a que debo tu llamada
– ella respondió – ¿te molesta que lo
haga? – (…) – ¿hacer qué? –
contesté, aunque sabía en el fondo a lo que se refería… ella prosiguió – pues… llamarte y conseguir tu número telefónico
sin tu consentimiento –, – ¡en
realidad no me molesta! – Le exclame… pero verdaderamente si me incomodaba,
– quería preguntarte si… aceptas un café
después del trabajo – me preguntó, pero así mismo le refuté sin pensarlo
treinta (30) mil veces – lo siento, hoy
me quedaré hasta tarde – y Ximena contestó – ouh, veo –, – si cambias de opinión
pues… este es mi número telefónico –, – lo
tendré en cuenta – respondí y así
mismo me despedí.
(Dios) – Pensé – (que
momento tan incómodo… y, ¡y cómo se atrevió!).
Fue tan inmenso el bochorno que
olvidé inmediatamente lo que había ocurrido.
Ya pronto, empacando ciertos
útiles, regresa en mi mórbido pensamiento esa zorra (…), zorra a la que deseaba
inmensamente ver; tomé mi teléfono y me quedé intacta viendo el número donde la
podría conseguir.
“Inconscientemente” le envié un
mensaje que decía: “Creo que culminé
antes de lo acordado ¿aún está en pie la invitación?”, la respuesta de
Ximena no tardo sino 1 minuto… “claro que
sigue en pie, te veo en el café (…) en media hora, ¡te parece!”, le envié
un “si…” de réplica.
Fui directo al estacionamiento, me
introduje en mi auto con desasosiego… manos contra el volante y cabeza posada
en el cabezal del sillón…
© Johana Arango, 2010
RUT 56.271.641
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