La desequilibrada empujaba fornidamente el consolador atestado de mis líquidos vaginales, al mismo tiempo lo sacaba y deambulaba por todo mi torso; todo esto era bastante placentero, aunque con solo besos y caricias… ¡ella! no sé si lo disfrutaba; no había acción de penetración en su cuerpo, así que decidí quitarle el dildo e introducirlo en cualquier agujero que me diera oportunidad.
Hubo un momento en que nos detuvimos con simples besuqueos, por supuesto ya estaba por culminar nuestro acto carnal; sin cavilar le arrebate aquel juguete de su mano, el cual fue directamente hacia su vagina. Ella con un solo manotazo retiró el dildo de su ojete que ni siquiera había alcanzando a penetrar, así mismo me gritó con gran furor – ¡qué diablos haces! – ¿acaso estás loca? – me observo con exaltación, tomó su toalla y se retiró.
Quedé absurdamente confundida al ver tal reacción… seguidamente me alejé de la locación en la que me encontraba, fui en busca del dueño del lugar para hallar explicación de lo sucedido. Durante el rastreo choqué con él, su mirada me reveló que estaba en problemas, puesto que así me refutó – ¡no te preocupes… te explicaré el incidente! –.
Mientras me revestía, el propietario me aclaraba el rechazo de aquella mujer… – Por cierto su nombre es Ximena y posee un apetito sexual… “mmm” bastante abrasador por el género femenino; aquella señorita le encanta complacer a damas que adentran solas a este lugar… generalmente le fascina realizar todo el “trabajo” durante el acto carnal –, – pero no todo es color rosa… –, – el error que han cometido todas con este personaje es que tratan de introducir en su vagina juguetes sexuales y/o falanges… –, – ella guarda un gran resquemor hacia el carácter masculino –, – me inundó cierto sofoco, mientras él seguía relatando.
Lo único que deseaba en esos momentos era escabullirme del lugar… sentía vergüenza al saber que había desviado totalmente mi trabajo, ya no existía profesionalismo en el reportaje que realizaba, sólo me dejé llevar por la curiosidad y el placer.
Ahora formaba parte de los personajes de cierto sitio… era ridículo pero la indignación también se apoderaba de mi; con paquetes en manos que exageradamente contenía media tienda del Sex Shop y con una despedida rápida y furtiva partí de la zona; pisadas de tacones me perseguían y nuevamente una mano se poso en mi hombro… quedé perpleja, media vuelta y ¡sorpresa! Ximena, maligna me atrapo con un beso suficientemente caliente como para caer de nuevo en sus delicadas garras, posteriormente con una sonrisa se alejo y se adentró en lo oscuro (…).
© Johana Arango, 2010
RUT 56.271.641
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