Se me había resuelto extraño que aquel tipejo se hubiere ofrecido con gran astucia de recogerme en mi apartamento; en realidad ninguna figura masculina había tenido ese detalle para conmigo, solamente algunos tenían la amabilidad de dejarme en mi morada cuando les terminaba el famosísimo trabajito.
Al mismo tiempo, no fue más que aceptarle su promisión y en menos de una milésima, aquel personaje ya se hallaba afuera esperándome en su vehículo; e igualmente bajé como una aerolito para encontrarme con el infeliz y vaya, quedé imparcialmente cautivada al ver tal bellezas, en verdad no sabría decirles cuál era el más hermoso si el porsche en el que estaba montado el cabrón o aquel cabrón.
Seguidamente me subí en su flamante cuatro ruedas y sin esperar más, el muy bastardo tomó mi cabellera represándome con sus besos malditos, duramos cinco minutos compartiendo nuestra insípida saliva hasta que por fin el bello rufián arrancó su coche; noté algo interesante en aquel personaje, resultó ser un bandido, un total necio; en toda señal de pare, esquina, trancón y semáforos en rojo aprovechaba para tocarme y hurgarme de arriba abajo, aún así echaba de menos aquellos ojos que vulgarmente nos espiaban.
De repente los planes cambiaron, las calles ya no eran de ciudad sino que fueron tomando cara de autopista, nos estábamos alejando de la urbe y por supuesto eso me preocupaba, el bello sintió mi pánico y para calmarme me acarició y refutó – Mi sensual y provocativa mujer, no te preocupes –, – Se que no cumplí lo prometido, pero estoy seguro que te encantará el lugar en donde tengo pensado llevarte – y seguía refutando – Pero antes de llegar quiero que me complazcas aquí y ahora – comprendí inmediatamente lo que aquella eminencia ansiaba realizar; nada más y nada menos su apetecido deseo, tener sexo en su vehículo, en la autopista medianamente sola, bajo la alcahueta noche; y así fue, aquel personaje fue bajando la velocidad hasta parar por completo, lo más impactante es que ya tenía claro y estudiado el punto fijo para realizar tal hazaña.
No obstante, dije en mi mente – Manos a la obra – como una fiera, monte mi caballo y lo tomé fuertemente, logré seducir a mí atrevido cabrón solo con el movimiento de mis labios en la compañía de mi juguetona lengua, no fue necesario desvestirme porque aquel ya lo había hecho por mí; lamió mis senos, azuzo mi vagina con sus pervertidos dedos, al mismo tiempo tome su pene y lo aprisioné con total vehemencia, solo bastaron veinte apretujones para hacerlo llegar al clímax, algo exótico y a la vez raro, pero eso no impidió seguir con mi proeza, al igual eso me inundó de excitación, pues de tan solo ver cada expresión de placer y por supuesto sus extravagantes gemidos; sin embargo proseguía con mi agresividad y le exclamé – Penétrame con fuerza, que del resto me encargaré yo – el muy juicioso obedeció y empecé con un movimiento minucioso pero a la vez sensitivo, luego lo hice más y más rápido, sentía su pene y mi vagina bañados del prodigioso profiterol sexual, cada sustancia de este dulce lo pasaba por su boca y su cuerpo…
Al mismo tiempo, no fue más que aceptarle su promisión y en menos de una milésima, aquel personaje ya se hallaba afuera esperándome en su vehículo; e igualmente bajé como una aerolito para encontrarme con el infeliz y vaya, quedé imparcialmente cautivada al ver tal bellezas, en verdad no sabría decirles cuál era el más hermoso si el porsche en el que estaba montado el cabrón o aquel cabrón.
Seguidamente me subí en su flamante cuatro ruedas y sin esperar más, el muy bastardo tomó mi cabellera represándome con sus besos malditos, duramos cinco minutos compartiendo nuestra insípida saliva hasta que por fin el bello rufián arrancó su coche; noté algo interesante en aquel personaje, resultó ser un bandido, un total necio; en toda señal de pare, esquina, trancón y semáforos en rojo aprovechaba para tocarme y hurgarme de arriba abajo, aún así echaba de menos aquellos ojos que vulgarmente nos espiaban.
De repente los planes cambiaron, las calles ya no eran de ciudad sino que fueron tomando cara de autopista, nos estábamos alejando de la urbe y por supuesto eso me preocupaba, el bello sintió mi pánico y para calmarme me acarició y refutó – Mi sensual y provocativa mujer, no te preocupes –, – Se que no cumplí lo prometido, pero estoy seguro que te encantará el lugar en donde tengo pensado llevarte – y seguía refutando – Pero antes de llegar quiero que me complazcas aquí y ahora – comprendí inmediatamente lo que aquella eminencia ansiaba realizar; nada más y nada menos su apetecido deseo, tener sexo en su vehículo, en la autopista medianamente sola, bajo la alcahueta noche; y así fue, aquel personaje fue bajando la velocidad hasta parar por completo, lo más impactante es que ya tenía claro y estudiado el punto fijo para realizar tal hazaña.
No obstante, dije en mi mente – Manos a la obra – como una fiera, monte mi caballo y lo tomé fuertemente, logré seducir a mí atrevido cabrón solo con el movimiento de mis labios en la compañía de mi juguetona lengua, no fue necesario desvestirme porque aquel ya lo había hecho por mí; lamió mis senos, azuzo mi vagina con sus pervertidos dedos, al mismo tiempo tome su pene y lo aprisioné con total vehemencia, solo bastaron veinte apretujones para hacerlo llegar al clímax, algo exótico y a la vez raro, pero eso no impidió seguir con mi proeza, al igual eso me inundó de excitación, pues de tan solo ver cada expresión de placer y por supuesto sus extravagantes gemidos; sin embargo proseguía con mi agresividad y le exclamé – Penétrame con fuerza, que del resto me encargaré yo – el muy juicioso obedeció y empecé con un movimiento minucioso pero a la vez sensitivo, luego lo hice más y más rápido, sentía su pene y mi vagina bañados del prodigioso profiterol sexual, cada sustancia de este dulce lo pasaba por su boca y su cuerpo…
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