Agradable tarde la que me ofreció aquella damisela, que por
cierto, parecía más un caballero (lo digo por la atención que tuvo para
conmigo). De nuevo la señorita insistió con otro encuentro; según ella, era lo
menos que podría hacer ante las faltas que había cometido. Por supuesto, dicho
personaje logró su cometido.
Proseguí con mis tareas laborales, la
rutina…
En casa… con la cena lista para ser “engullida”,
sentada frente al ordenador, platico. Mario, se presentó en el chat cómo
siempre, así cariñoso y divertido. De repente cambió su comportamiento y claro como
en esos momentos me hallaba tan débil, nuevamente
tuve la desfachatez de manipularme excusándolo y echándome la culpa… “Recuerda Salma el incidente, sabemos
¡PERFECTAMENTE! que estamos pasando por un momento de crisis y no es justo adjudicarles
nuestros problemas a los demás y más a nuestro prometido”. Por lo tanto, le
baje a lo que la mayoría llamamos “el show”.
Reapareció Mario, eso sólo decía que
mis inseguridades hacia él y sus conductas eran infundadas. No obstante, mi
novio apartó sus hermosas palabras, para traer a la “sala” vagabunderías y cochinadas
bastante estimulantes.
– ¡Abre
tus piernas! – Replicó Mario – Y
enséñame todo lo que tienes –, – Acerca
más… más, ¡MÁS la cámara! –, – Haz lo
que te digo ZORRA… eso, así –. – No
seas desobediente pequeña; ahora tócate toda, humedece tus dedos… ¡LLÉNALOS DE
SALIVA! –, – Juega con ellos por toda
tu vagina, de arriba hacia abajo – Cinco (5) minutos después – ¡PERRA! para qué crees que te sirve ese ¡PUTO!
Clítoris ¿ah? –, – Si te tuviera cerca,
te golpearía hasta que comprendieras la verdadera razón –.
Mientras mi prometido me insultaba, de igual manera se
masturbaba; aunque confieso que me aterraba cada vez que gritaba, pues cuando
lo hacía, le acompañaban fuertes golpes… no sabía si hacían parte del juego
erótico o si en realidad se encontraba alterado.
Luego prosiguió salvajemente con…
© Johana Arango, 2010
RUT 56.271.641
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