viernes, 11 de diciembre de 2009

UN INOCENTE BESO ROJO EN UN CUELLO BLANCO

No podía escuchar ninguna palabra relacionada con sexo; sabía que pronto caería al placer de la masturbación y lo peor no hallaba mis juguetes, ni siquiera mis bolas anales; así que accedí a la utilización de mis preciadas manos, empecé a juguetear con mi clítoris y seguidamente a penetrar mis dedos en mi vagina y ano; en verdad me veía bastante ocupada y excitada, más sin embrago quería algo duro y rígido; necesitaba un pene que incursionara y causara dolor en mi vagina; pero imposible, ya que mi caballero se había olvidado de mí, pues en realidad había encontrado otra señorita para con quien divertirse, pero tampoco me hallaba tan desequilibrada para otorgarle mi vagina a cualquier personaje.

De repente observé mi mesa de noche y encima de aquella hallé mi peine para cabello que por cierto tenía un mango en forma de miembro, así que inmediatamente lo tomé y le atañe un preservativo, sin pensarlo dos veces lo encajé en mi vagina; cada penetración la hacía más y más fuerte; mis orgasmos y mis gemidos no se hicieron esperar, mi vagina no contuvo tanta lubricación, al mismo tiempo sentía como aquellos fluidos bajaban por mis piernas; ya mi cuerpo no resistía tanta instigación ¡claro! durante 112 minutos con semejante acto ya mi vagina y ano impetraban holgar.

“Era increíble que hubiese encontrado más excitación con el mango de un cepillo para cabello que con mis jugueticos sexuales” ahora estaba lista para resistir cualquier tentación...

No hay comentarios: