Realmente estaba llena de nervios, pero aún así entre. Aquel sitio estaba un tanto concurrido pero eso no me detuvo para emprender la búsqueda; de repente suena mi aparatoso celular y en su pantalla veo el apelativo del tan anhelado caballero; sin esperar más respondí a la llamada y de ahí a escuchar su voz – ¿en dónde estás? – Preguntó – cerca del café – respondí, luego el caballero anuncia el haberme encontrado, mi cabeza empieza a revolotear y de tanto ajetreo topé con su mirada; de inmediato me dirigí hacia él y con gran gusto nos zarpamos en un abrazo, pero este además adjuntó un beso en mi pálida y huesuda mejilla.
Después del ensortijado saludo nos dirigimos al café, luego de tomar pedido y asiento empezamos a platicar; entre tanto y poco mi galán toma la palabra, este comenta pequeños detalles de su vida, que de por cierto, estaban bien labrados. Seguidamente el ambiente se tornó un poco pesado, a causa de mi profesión laboral; no obstante, note que había regado café en mi mano y para colmos no hallaba con que limpiarme, pero que sorpresa la que me había llevado, ya alguien lo había hecho con su boca. Quedé intacta al ver tal acción, de los nervios comencé a comentarle sobre el clima y él sin esperar, me calló con un beso. Terminado el acto y el café nos levantamos del lugar; pensé que todo había terminado allí, pero en realidad lo más exquisito estaba por comenzar.
Llegamos a su vehículo y él como todo un caballero empedernido, en busca de sexo, abrió la puerta replicando – primero las damas –, después de haberme subido, entro él. Dentro del carro no hubieron permisos para las palabras, ya que nos lanzamos cómo leopardos asechando su presa, sólo queriamos sexo, y por supuesto mi cuerpo estaba dispuesto a cualquier desfachates del caballero; este tocaba mi vagina con fuerza y gran presión, mis senos los lamió como perro desesperado, el movimiento de su lengua en mi boca se asemejaba a la de una penetración; ya excitados nos dirigmos hacia algo más privado. No hubo semaforo en desperdicio, cada pare vehícular había sido conculcado; estando en el motel…
Después del ensortijado saludo nos dirigimos al café, luego de tomar pedido y asiento empezamos a platicar; entre tanto y poco mi galán toma la palabra, este comenta pequeños detalles de su vida, que de por cierto, estaban bien labrados. Seguidamente el ambiente se tornó un poco pesado, a causa de mi profesión laboral; no obstante, note que había regado café en mi mano y para colmos no hallaba con que limpiarme, pero que sorpresa la que me había llevado, ya alguien lo había hecho con su boca. Quedé intacta al ver tal acción, de los nervios comencé a comentarle sobre el clima y él sin esperar, me calló con un beso. Terminado el acto y el café nos levantamos del lugar; pensé que todo había terminado allí, pero en realidad lo más exquisito estaba por comenzar.
Llegamos a su vehículo y él como todo un caballero empedernido, en busca de sexo, abrió la puerta replicando – primero las damas –, después de haberme subido, entro él. Dentro del carro no hubieron permisos para las palabras, ya que nos lanzamos cómo leopardos asechando su presa, sólo queriamos sexo, y por supuesto mi cuerpo estaba dispuesto a cualquier desfachates del caballero; este tocaba mi vagina con fuerza y gran presión, mis senos los lamió como perro desesperado, el movimiento de su lengua en mi boca se asemejaba a la de una penetración; ya excitados nos dirigmos hacia algo más privado. No hubo semaforo en desperdicio, cada pare vehícular había sido conculcado; estando en el motel…
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