sábado, 21 de marzo de 2009

LAS CACERÍAS DE DONATELLA – Capítulo 37 –

Sin embargo, no era de esos días de acromía los cuales habitaba ver, en realidad había bastante matiz, las personas tenían color, se respiraba y se percibía paz, alegría y armonía, pero como en todo, existe un punto de diferencia y no era para menos que esa distinción la conformara yo.

Todo a causa de un noble caballero que con su lío de simples y dulces palabras se había llevado con gran anuencia mi corazón, me sentía rara, no lo pensaba pero cada vez su nombre se cruzaba en mis esgrimidos labios, en realidad me sucedía algo, no estaba desesperada en tener sexo pero ilusionada de hacer el amor con él, no quería que me pagará por una noche carnal llena de lujuria pero sí que me cobrará por aquel cuerpo que quería sentirse amado.

Yo amo, tú amas, ella ama, nosotros amamos, vosotros amaréis, ellos aman, todos aman; amar solo quería amar; pero imposible todo era imposible, no tenía derecho a amar, porque ese era el vacio del cual me había lanzado y para más, el sexo se había convertido en mi abominable proxeneta.

Igualmente no entendía al noble caballero, estaba empeñado en sacarme de aquel vacio con su bramante, en aprehender al miserable proxeneta, en convertir el sexo en amor, porque sencillamente para mí esas dos palabras no transmitían lo mismo, aunque el acto es igual los sentimientos son distintos.

No obstante, de un solo grito exclamo – Donatella, que te pasa, Donatella, que me pasa – enseguida mis manos cubren mi cara y mis ojos comienzan hablar, cada lágrima recorre mi rostro comentando el porqué de su itinerario e inmediatamente siento aquellas chismosas ojeadas de las personas que me rodean, de repente una suave caricia y un venturoso abrazo rodea mi cuerpo y nuevamente vuelve esa candorosa voz diciéndome – Mi hermosa doncella, tus lágrimas han hablado y contado que tienes miedo – acreciento la mirada y observo aquel rostro con una gran sonrisa que de nuevo exclama – yo te protegeré, cuidaré y creerás nuevamente en el amor, porque realmente te amaré – en ese momento sentí que el amor había dejado de presentarme su espalda.

En efecto, mi mente se cuestionaba cuando llegaría aquel instante en que mi noble caballero me guiaría hasta su lecho y me expresara por primera vez – Para mí es esencial amarte –.

Luego, mi noble caballero me suelta y con sus manos cubre una herida que se había colado sobre su cuerpo, no sentí ni escuché aquel impacto de ese proyectil, lo único que sí conocía era aquel ruin demente que con una sonrisa bellaca y con su artefacto seguía atentado a mi noble, no comprendía, todo era tan confuso que a la vez exclamé – Porque, porque nos atacan –, mi noble caballero trataba de disimular el dolor pero aún así respondía – Porque nos amamos, pero ninguna bala podrá causar dolor a nuestro amor – su cuerpo lloraba, lloraba en sangre…

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