Sin que se diera cuenta, aproveché para danzarle eróticamente, inclino mi cuello con delicadeza y sutileza; igualmente juego con mis piernas de arriba hacia abajo; mis dedos, mis manos y mis brazos son el gran despiste que ronda por mi beligerante cuerpo; mi cabello atrapa una, dos y tres veces su mirada; mi suave y cándida voz lo deja anonadado y por último mis labios y mis ojos pornográficamente lo lleva al placer del descarriado voyerismo.
No descarto que por su mente pasara algo como – Eres una presa fácil – pero eso tan predecible que cambie por seguridad los papeles; sencillamente me quede quieta y agregue a mi cuerpo una pizca de insinuación, de repente todo queda en un abrumador silencio y los únicos bulliciosos de aquella película eran nuestras morbosas miradas; era tal la presión, que aquel personaje no resistió y se lanzó como pantera sobre mí, echando de menos las miles de miradas de aquellos cuadros que asechaban nuestro acto.
Esta pantera desgarra mis vestiduras, agarra de mi cuello y cabello exclamando –Verdaderamente eres bien fácil – y yo con una ingenua burla le respondo – No, tú eres el fácil, aquel que me pide a gritos que sea tu mecenas – él con su gran machismo responde – Y me comes – nuevamente le respondo – lo más delicioso, barato y sádico para comer – aún así los dos ahogados seguíamos teniendo el más asqueroso pero excitante sexo entre unas sucias y mal olorosas sabanas.
Los gemidos no se hacen esperar, mis uñas pasan por su cuello y espalda dejando una larga y dolorosa herida, tanto así, que ha quedado entre mis dedos sangre y el con su lengua saborea y lame como si fuera Vlad Tepes , toma sin permiso mis senos y los muerde como si fueran dos pedazos de carne con salsa de deseo, todo esto es tan placentero y doloroso que le exclamo de un solo grito – dame, dame más – y penetrándome me responde – Te llevaré directo al infierno - entre la pasión y el erotismo sigo exclamando – Siento un exquisito dolor – y el en su jolgorio sigue con más fuerza sin tener piedad.
En esta cama no solo hay sexo, hay guerra, masoquismo, deseo carnal y pasional; no existe la oportunidad de pensar sino de actuar, pero en este acto lo único que ha quedado prohibido es amar o realizar cualquier cosa a lo parecido.
Los dos aún seguíamos en nuestro infierno sexual, pero de pronto sucede algo que hace cantar a los mismísimos ruiseñores…
Las cacerias de Donatella - capítulo 22-
By Johana Arango
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