Esta es la hora en que
aún no asimilo el por qué de ciertas situaciones conflictivas ¿¡El mundo no coopera!? Hablo del entorno,
el ambiente, para ser más explícita... Primeramente se va la luz; segundo,
descubres que tu hogar no es el mejor lugar para guarecer; tercero, a la lluvia
en estos casos siempre se le da por preludiar “su mejor espectáculo”; cuarto y dice una frase “los
verdaderos amigos nunca te abandonan”, pues ¡imagínense! aguacero, tormenta, borrasca, diluvio, tempestad,
chaparrón que se respete, residirá con ella el frío, la nostalgia y los
violines de la soledad; quinto y el más mortal, cuando el auto “decide” no funcionar más, gracias a la
tacañería u olvido relacionado con un “después
voy”.
Más sin embargo, no
todo era basura, mi teléfono móvil funcionó, una grúa remolcó mi vehículo, el
cual salió por un ojo de la cara; cómo mi orgullo se hallaba en su mayor fulgor,
decidí no escoltar mi automóvil y dejarlo a la deriva con aquellos personajes.
Tomar un taxi se convirtió en una completa odisea, ya que el simple hecho de
estar empapada impedía conseguir uno; la última opción que obtuve fue… ¡sí! caminar, ciertamente no sé cuántos
kilómetros anduve, la cuestión es que ya llevaba horas merodeando por las
calles húmedas, solas y frías, siendo presa fácil para los amigos de lo ajeno.
De repente ¡se hizo la luz!, había sido bendecida
por una cigarrería con melodías extravagantes,
atiborrada de seres en estado de embriaguez, los cuales amablemente me
ofrecieron un poco de sus bebidas contenidas de etanol. No sé en qué momento di el sí, sólo sé que la
señorita “estrato veinte” ya se
ubicaba con cierto tono “pintoresco” departiendo
con los demás. No obstante, un toque sobre mi hombro y un – ¡Ya es hora, vamos a casa! – me apartó del divertido y oloroso lugar.
Al día siguiente…
En cama, mareada al
tanto con la resaca, miro hacia lado y lado deduciendo no estar en casa. Salté
de la cama en busca de explicaciones, hasta que un desayuno sedujo toda mi
atención y con él, una nota que decía lo siguiente:
“Tus objetos
personales los encontrarás encima de la repisa, excepto tu vestuario; me tomé
el atrevimiento de lavarlo, eso quiere decir que ya está disponible para una
nueva postura. En el baño te deje toalla limpia e implementos de aseo nuevos
por si deseas acicalarte; no te preocupes por organizar la cama y menos por ir
al trabajo hoy, ¡estás excusada! Por supuesto, no olvides… quedas en tu casa.
Posdata: tu vehículo se encuentra en el estacionamiento
número 405 y ¡SORPRESA! con el
tanque rebosante de gasolina”.
Al final de la carta,
se localizaba la marca del autor principal o debería decir la autora principal de
toda esta locura… “Xime, xoxo”.
© Johana Arango, 2010
RUT 56.271.641
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