miércoles, 8 de febrero de 2012

GANGCRÓNICA – BANGCRÓNICA (PARTE 8 - CONTINUACIÓN)


Una buena dosis de estimulación anal. – ¡¿ESTIMULACIÓN ANAL?! – realmente Mario me sorprendió, ya que nunca me había permitido acercarme a esa parte.

¿Lo estás disfrutando conejita? –, – ¿Quieres saber hasta dónde soy capaz de llegar? –, – ¡Imagínatelo! – de la nada sacó un cono anal, el cual tenía ya lubricado. Empezó por supuesto a introducirlo, pequeños movimientos de vaivén, gemidos que a la vez me generaba deseo y asco; mientras con una mano sostenía el objeto, con la otra se masturbaba, cada vez era más fuerte el ajetreo.

Fueron tan bastos los movimientos, que su laptop cayó del lugar dónde se hallaba, pero no tardaron mucho en recogerla. Confieso que sentí un tremendo escalofrío al ver que Mario tenía en su apartamento compañía. Enfurecida refuté – ¡Eres un bastardo infeliz! –, – ¿Quién es la guarra que te acompaña? –, – ¿Porqué me haces esto y desde cuándo? –, – ¡RESPÓNDEME Mario! –, – ¡Deja de hacer eso! –. Ya las lágrimas y la desesperación me tenían acorralada. No obstante, Mario retiró aquella cosa de su recto, miro fijamente hacia la cámara con sonrisa insolente e invita a su acompañante… más sorpresas. Otro hombre, dos penes frente a mi pantalla, besos, caricias, morbo, copulación… ¡SEXO GAY!

Quedé perpleja al ver semejante burla; durante cinco minutos no se presentaron signos de parpadeo, mi visión quedó completamente nula, con respiración poco funcional y elemento estático; mi razón… ¿Qué es la razón? Finalmente la conmiseración… ¿Se apiadó de mí? Sólo sé que la luz se fue. Eso sí, el servicio eléctrico y yo duramos dos horas y 37 minutos, mientras ella estaba felizmente ausentada, yo seguía ahí… sola, sentada y desganada. No poseo inconvenientes para con la comunidad LGBT y menos para con sus actos sexuales, simplemente había quedado desorientada gracias a la conducta de ese… Mario.

Aquí no cabía la pregunta ¿En qué fallé? y ¿A quién le adjuntaré la culpa? –, – ¿A los que sirven de sujeto en una oración? –, – yo, tú, él, ella, nosotros, ustedes, ellos . Por ahora el causante específico era el malhadado singular en tercera persona.

Mi cama no me quería recibir, los muebles se encogieron, la cocina tenía ya preparado mi afilado lecho de muerte y ni hablar de los demás lugares del domicilio, en pocas palabras mi “humilde” morada me sacó a patadas.  

© Johana Arango, 2010
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