martes, 29 de marzo de 2011

GANGCRÓNICA – BANGCRÓNICA (PARTE 3)

Ya estando en los salones húmedos… de pie, literalmente sola y con grandes porcentajes de huroneo, vacilando y con un poco de recelo, accedo a la primera “sala” de sauna… de repente alguien me detiene y nerviosa di dos pasos hacia atrás… solamente era una dulce señorita que me ofrecía una toalla limpia, pues ese era el mínimo requisito para penetrar cualquier locación…

(Abro este paréntesis para aclarar ciertas condiciones: quitarse toda la ropa y cubrirse con una pequeña toalla, excelente higiene incluyendo órganos genitales… “Los cuales deberían estar debidamente depilados”, contactos heterosexuales para hombres, contactos bisexuales para mujeres, ¡no a las drogas y sí al preservativo en cada encuentro!).

Habitada en aquella toalla blanca… retomé con pasos cierto aposento; mientras detallaba los encuentros, presentía al mismo tiempo una mirada acosadora sobre mi elemento; para mi asombro la ojeada hostigadora provenía de la misma jovencita de hace un momento… se acercó sensual y lentamente sobre mí… tomó de mi mano y sin problema seguí su rastro; nos introducimos en aquel recinto, que por cierto presentaba una alta temperatura.

Arrojó mi toalla con delicadeza y con dulzura me besó; tocó inocentemente mi cuerpo, el cual ya divisada sudoración, lentamente paseó su lengua sobre mis senos... luego se coló con pequeños mordiscos en mis pezones; prosiguió su jugueteo hasta mi obligo… y en un parpadeo se posó en mi zona sur; por supuesto mi vagina ya bramaba de excitación, mientras mi clítoris solicitaba asistencia.

Esta señorita sabía lo que hacía… comprendía lo que una mujer necesitaba… ¡tanto! que me atrevería a decir que lo realizaba mejor que un hombre. Tres dedos dentro de mi coño y otros dos mimando mi campanilla; sentía como mis fluidos bajaban por los restos del himen, seguido de la horquilla vulvar, recorriendo así mismo el periné y en centímetros por el ano… lo más incitante es que estos ligeros líquidos no terminaban en el suelo, sino en su lengua…

En sus dedos vestigios del momento, que cómo loca los llevó directo a mi boca; miradas apasionadas y cuerpos preparados para la lucha fogosa; cohesionadas como (v) frotando y chocando nuestras zonas… de repente salta como mentecata en busca del enorme dildo, el cual lo satura en saliva y sin pensarlo dos veces lo introduce con gran fuerza y agresividad hacia mi vagina… en ese momento percibí dolor... ¡un suplicio placentero! (...).

© Johana Arango, 2010
RUT 56.271.641
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