Conozco gran parte de mi cuerpo y mente (reacciones, placeres, locuras, ponderaciones, arquetipos y otros). Pero admito que encontré entre mis iras y descortesías, el deleitante poder de la excitación. Mientras discuto con alguien (no deudo), ya sea por razones inusuales u otros, mi cuerpo inmediatamente empieza a erguirse, aumenta de forma enérgica los latidos del corazón, el deseo de azuzarme se torna insoportable, igualmente crece de manera bufonesca la propensión de estar con algún mortal (en ciertas ocasiones con el contendiente). Entre más grande sea la disputa y el enojo, así mismo será el privilegio de mi deseo.
© Johana Arango, 2010
RUT 56.271.641
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